Y lole se quedó sin nafta

En enero de 1974, el autódromo de la ciudad de Buenos Aires fue testigo de una de las desilusiones más grandes del deporte nacional. A bordo de su inolvidable Brahbam blanco número 7, Carlos Reutemann punteó toda la carrera y se encaminaba a su primera victoria en suelo propio.

Increíblemente, a escasos metros de la llegada, su tanque se vació, lo mismo que el alma de los miles que estaban en el circuito y de los que lo seguían por TV. El propio Presidente de la Nación, que no era otro que Juan Domingo Perón, alertado por la proximidad de la victoria, dejó la quinta de Olivos para acercarse al lugar de los hechos.

Una vez finalizada la competencia, Reutemann fue invitado a subir al palco donde recibió dos cosas: una enorme ovación y una lapicera, como obsequio del General. 17 años más tarde, en septiembre de 1991, el “lole” asumió  como Gobernador de Santa Fe y firmó el acta que lo autenticaba como tal, con aquel objeto que le había regalado Perón.


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