La mejor balada de la historia. La de Piazzolla y Ferrer

Desde el balcón del mítico departamento de la calle Arenales, Piazzolla y Ferrer despliegan una bandera con una leyenda que entró en la leyenda

La década irrepetible se negaba a irse así nomás. Los años 60 se extinguían, con plena conciencia de saber que habían cambiado las estructuras de años en varios ámbitos. La música, obviamente no era ajena a esto. El tango venía en bajada desde hacía un tiempo y necesitaba de alguien que lo aggiornara a los tiempos que corrían (volaban quizás como nunca).

Discutido e incomprendido por la vieja guardia que se resistía a los cambios, Astor Piazzolla llegó y modificó todo lo que había, con un nuevo estilo. Su reafirmación definitiva para el gran público llegó allí, en noviembre de 1969, cuando en el Primer Festival de la Canción, auspiciado por la Municipalidad de la ciudad (todavía no autónoma) de Buenos Aires, presentó la obra que había alumbrado con Horacio Ferrer: Balada para un loco.

El poeta se había llegado hasta la casa del músico pocos días antes con un frase en su mente: “Yo se que estoy piantao, piantao, piantao”. Y a partir de eso, comenzaron a construir la maravilla irrepetible. Cuenta Ferrer, que en un momento, cuando el recitó el “vení, volá, sentí, el loco berretín que tengo para vos”, Astor cerró repentinamente el piano y mirándolo emocionado le dijo: “Esto es una bomba atómica”.

Y de esa manera estalló en el Luna Park (sede del festival), desde su acorde inicial y desde que Amelita Baltar dijo por primera vez aquello de “Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese que se yo, ¿viste?”. El jurado deliberó entre una multitud que ovacionaba y desaprobaba en partes iguales el tema, hasta que dio su veredicto y el ganador del concurso fue “Hasta el último tren”, la otra canción finalista.

Pero el oído popular ya había dado su aprobación en otro sentido. La balada era la vencedora en sentimiento, dejando para la perpetuidad en la entretela del alma, cosas como eso de ver la luna rodando por Callao, mirar a Buenos Aires del nido de un gorrión o enloquecer el corazón de libertad.

Si bien la versión del polaco me parece la mejor, creo que Amelita Baltar será por siempre la voz de la balada.

Gracias Piazzolla por esa magia y gracias Ferrer por esos versos, que como bien sostuvo una vez: “El loco de la balada no tiene un piante psicópata. Tiene el piante del enamorado, capaz de irse de sí mismo para estar en la mujer que ama. El suyo, es un piante iluminado”.


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