¡Felices Pascuas! ¿La casa está en orden?

Con el brazo en alto, Raúl Alfonsín saluda a la multitud que se había concentrado espontáneamente en la Plaza de Mayo para defender a la por entonces naciente democracia

Fue una Semana Santa atípica para los argentinos. Lejos de la paz y de la calma que deben reinar en esos días, se estuvo más cerca que nunca de volver al negro pasado cercano. Un grupo de militares, encabezado por el Teniente Coronel Aldo Rico, tomó varios cuartales a lo largo del país, mostrando su disconformidad hacia un par de situaciones puntuales.

El 24 de diciembre de 1986, se había sancionado en el Congresola Leyde Punto Final, que ponía un plazo de dos meses para presentar denuncias contra los militares que habían actuado en la represión ilegal, durante la última dictadura, y que no habían sido condenados en el juicio a las Juntas Militares de 1985.

Rodeado de alguno de sus camaradas rebeldes, Aldo Rico habla con la prensa desde el interior del Regimiento de Campo de Mayo. Los “carapintadas” pusieron en riesgo a la democracia.

Lejos de traer calma, la ley provocó una catarata de denuncias en casi todos los juzgados del país y agudizó el problema en el seno de la corporación militar. Aldo Rico era un ex combatiente de Malvinas, que había sido condecorado por su actuación allí, pero también sancionado en varias ocasiones por su indisciplina militar.

El 15 de abril de 1987, encabezó el grupo autodenominado “carapintadas”, que tomó el regimiento de Campo de Mayo con dos objetivos claros: la renuncia de todos los Generales afines al gobierno democrático y una solución política a los juicios que se avecinaban porla Leyde Punto Final.

Pertrechados como para una guerra, los “carapintadas” custodiaban los accesos al Regimiento de Campo de Mayo. Fue una Semana Santa (tristemente) inolvidable.

Raúl Alfonsín se disponía a pasarla Semana Santa en Chascomús, su tierra natal, pero debió regresar de urgencia y el mismo jueves 16 ya estaba en su despacho de Casa de Gobierno. Los políticos más representativos de todos los partidos acudieron allí y al Congreso para apoyar al Presidente.

Estaba claro que la Democracia no se iba a quebrar tan fácil. Fueron días de interminables diálogos, pero no se arribaba a ninguna respuesta concreta. El domingo 19, una multitud colmó la Plaza de Mayo, esperando las noticias y una pronta solución. Apenas pasado el mediodía, Alfonsín salió al balcón, flanqueado por políticos de los partidos más importante, para comunicar que iba a ir a Campo de Mayo a hablar con los rebeldes.

Acompañado por el justicialista Antonio Cafiero, Alfonsín se dirige en forma enérgica al pueblo. Ante una Plaza de Mayo colmada, el Presidente comunicaba su decisión de ir a Campo de Mayo

Un par de horas más tarde, regresó de la misma forma que había partido (en helicóptero) y nuevamente desde los balcones, se dirigió a la multitud. Allí detalló la solución del conflicto y pronunció las dos frases que entraron en la historia: ¡Felices Pascuas! ¡La casa está en orden!

¿Fue tan así? Para muchos, ese fue el principio del fin del gobierno radical. Los sublevados, que fueron detenidos, consiguieron todos sus objetivos e, inclusive, con el paso de los años, Aldo Rico incursionó como político dentro del sistema democrático. En septiembre, apenas cinco meses después, los radicales fueron ampliamente derrotados en las elecciones legislativas y de gobernadores. Como anticipo de lo que llegaría en 1989. La democracia se había salvado, pero la casa no estaba en orden.


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