25 de mayo de 1973: ¿El inicio de un sueño o el principio del fin?

Un sonriente Héctor Cámpora le estira la diestra a un adusto Alejandro Agustín Lanusse. El apretón de manos que está por llegar marcó el inicio de un nuevo ciclo en Argenina

Luego de años de proscripciones, de inhibiciones y de luchas, el peronismo volvía al poder. La fórmula integrada por Héctor Cámpora (delegado del líder en Argentina) y Vicente Solano Lima (político conservador) se había impuesto claramente en las elecciones de marzo y aquel 25 de mayo, en medio de una enorme euforia popular, asumieron sus cargos de Presidente y Vice de la Nación.

Como para que no quedaran dudas de la orientación que tendría el nuevo gobierno, los dos más destacados invitados a la ceremonia fueron los mandatarios Osvaldo Dorticós y Salvador Allenda, de Cuba y Chile respectivamente, ambos con claras tendencias de izquierda.

Desde las últimas horas de la noche anterior, mucha gente fue ocupando su lugar en la plaza de mayo. El frío no amedrentó al pueblo que se iba acercando, con la alegría de ver nuevamente a su partido en lo más alto. Pero también llegaban los representantes de la organizaciones armadas (ERP, FAP y Montoneros), que sentían como propio ese triunfo, luego de haber participado activamente de la campaña.

Se involucraron porque querían llegar al poder y así lo habían dejado en claro  desde su aparición a comienzos de la década. Ellos y Perón no tenían tantas cosas en común, pese a lo que declaraban unos y otro, pero había un gran enemigo: el régimen militar en general y el presidente de facto Alejandro Agustín Lanusse en particular.

Una escena que lamentablemente se multiplicó aquella tarde en las inmediaciones de Plaza de Mayo: violencia, autos quemados, clima de guerra. ¿Esa fue una fiesta nacional y popular?

Es bueno recordar que el viejo líder no estuvo presente y que siguió las alternativas de lo que por aquí sucedía, en su casa de Puerta de Hierro en Madrid. El marco de la histórica plaza tenía el colorido de las banderas argentinas, mezcladas con los estandartes de los guerrilleros y las insignias de los sindicatos. Una situación extraña y que (demasiado) pronto, estallaría por los aires, cobrándose muchas víctimas en la llamada “matanza de Ezeiza”.

El excelente programa documenta que conducía Román Lejman dedicó una de sus ediciones al gobierno de Héctor Cámpora. Imperdible informe con material de época

Luego de su discurso en el Congreso, sitio al que había pertenecido como diputado durante los primeros gobiernos justicialistas, Héctor Cámpora se dirigió hacia la Casa de Gobierno, donde recibió las insignias como nuevo presidente. El salón blanco parecía una unidad básica más que un recinto nacional, ya que atronaba la marcha peronista y los dedos en V se multiplicaban sin cesar.

La tapa de Crónica del 26.05.1973 es elocuente, con dos temas centrales: la asunción de Cámpora y la libertad de los presos

Ya con la banda cruzándole el pecho, recibió de manos de Lanusse el bastón y, dirigiéndose al mandatario saliente, le dijo: “Gracias por su caballerosidad”, a lo que recibió como respuesta: “El pueblo se lo merece y lo eligió a usted”.

Una nota simpática de aquella jornada: los dedos en V, que se vendían al público.

Cámpora salió al balcón y saludó a la multitud que explotó como en aquellas jornadas de gloria en la liturgia peronista. Pero el día no terminó allí. Una de las consignas en la campaña del FREJULI había sido la de aplicar una amplia amnistía sobre los presos políticos. Esta ley, como todas las de las primeras acciones de gobierno, debía ser tratado a partir del 26 de mayo en las cámaras. Tanta era la presión de los manifestantes, que se habían llegado a las puertas de la cárcel de Villa Devoto, que la situación estuvo a punto de estallar.

El secretario general del Partido Justicialista (Juan Manuel Abal Medina), junto con algunos diputados vinculados a la “tendencia”, se comunicaron con Cámpora desde el interior del penal, para solicitarle que firmara el indulto, ya que los presos políticos habían ganado la terraza del lugar. El Presidente electo accedió y allí se produjo uno de los mayores errores de nuestra historia contemporánea.

El amplio indulto decretado por Cámpora, permitió la salida indiscriminada de presos del penal de Devoto. Un grave error político con tremendas consecuencias.

Aunque parezca extraño, fue un día que tuvo más de 24 horas. Arrancó con los últimos minutos del 24 y finalizó en los primeros momentos del 26, cuando ya nadie quedaba en las cárceles del país. Para muchos, fue el inicio de un sueño, que tan solo duró 49 días (hasta la renuncia de Cámpora), para otros, fue el principio del fin, porque el mapa argentino se siguió bañando en sangre, como cruel y absurda antesala de 1976, cuya onda expansiva llega hasta nuestros días.


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