Mario Kempes y su merecido homenaje

Un inolvidable póster futbolero para el hincha argentino. Mario Kempes corre alborozado con sus brazos en alto. Le acaba de marcar el primer gol de la final a Holanda y desata la fiesta en el estadio monumental.

Unos minutos antes que la selección comenzara su partido ante Costa Rica en el cierre del Grupo A de la Copa América se produjo un hecho saludable, pero muy poco común entre los argentinos: hacer un justo reconocimiento en vida a un protagonista. El implicado fue Mario Kempes, que pudo recibir una enorme ovación de todo el público que colmaba las instalaciones del estadio que ahora lleva su nombre.

Quizás por cierto bajo perfil o por haber jugado en años previos a la gran explosión de los medios, creo que no se tiene la real dimensión de quien fue el “matador” y lo que significó para el fútbol argentino.

Nacional 1973: Uno de los mejores equipos en la historia de Instituto de Córdoba, con una delantera fantástica. Ellos son los cinco de la línea de abajo: Saldaño, Ardiles, Kempes, Beltrán y Willington.

Hizo su aparición para el mundo del fútbol en el Nacional de 1973, conformando una excelente delantera de Instituto de Córdoba, junto a Saldaño, Ardiles, Willington y Beltrán. Su potencia enseguida llamó la atención y fue Rosario Central (uno de los mejores equipos de aquellos tiempos), quien se quedó con su pase para 1974, año en el que disputó su primer mundial en Alemania.

Imágen de los años ´70 100%: El blanco y negro dándole su toque a la vieja cancha de Rosario Central, mientras Kempes se ata los botines, preparándose para hacer lo que más sabía: el gol.

Partido a partido, sus tantos se multiplicaban y el muy buen cuadro que dirigía Carlos Griguol, con Killer, Aimar y Poy, entre los más destacados, peleó cada certamen que disputó, alcanzando las semifinales dela CopaLibertadores1975.

Apenas dos años y medio le bastaron para estar en la historia grande de Rosario Central: 89 goles en 107 partidos. Estos números avalan la enorme idolatría que el “matador” se ganó en Arroyito.

La temporada siguiente, luego de haber marcado más de 100 oportunidades con la casaca del club de Arroyito se fue con su bohnomía y sus gritos del otro lado del océano. El Valencia lo recibió con los brazos abiertos y el respondió con su mejor lenguaje: el gol.

 

La expresión de Daniel Bertoni fue la de todo el pueblo argentino en aquella noche ante Polonia: un agradecimiento al portador de esa camiseta número 10. El aire rosarino le cambió la racha a Kempes y a la selección argentina.

Llegó el mundial 1978 y Kempes fue el único futbolista que integró el plantel que actuaba en el exterior. Su primera rueda fue opaca, como buena parte de la actuación del equipo, pero el haber salido segundo de Italia derivó en un viaje a Rosario para la segunda fase y allí, en ese estadio que lo había visto en su mejor versión, el “matador” recobró la memoria.

Como si fuera un avezado arquero, Mario Kempes vuela y con un puñetazo desvía el cabezazo de Lato, luego de quedar vencido Fillol (parado al lado del poste izquierdo). Unos instantes después, el “pato” detuvo el penal.

Ante Polonia tuvo una noche soñada, ya que marcó los dos goles de la victoria y, además, “hizo de Fillol” cuando un cabezazo de los europeos iba camino a convertirse inexorablemente en gol (con el aquero vencido) y Kempes se arrojó y con un puñetazo evitó la caída. El 50% restante lo hizo el enorme guardavallas argentino al detenerle el penal a Deyna.

Dos goles más en el discutido encuentro ante Perú ayudaron a la clasificación a la final frente a Holanda, donde nuevamente apareció en toda su dimensión, con otras dos conquistas que ya son parte de las más selectas imágenes del paladar futbolero del argentino. Fue el goleador y la figura indiscutida de esa Copa del Mundo.

Marzo de 1981: River venció a Colón por 4-0 en el estadio monumental. Kempes saluda con su brazo en alto luego de marcar un gol. Fue la tarde de su debut con la banda roja. Detrás aparece René Houseman.

Un par de años de no tan buen rendimiento en Valencia y la necesidad de River de contrastar de algún modo la contratación de Diego Maradona por parte de Boca, hicieron que Kempes regresara al fútbol argentino en marzo de 1981. Una molesta lesión no le permitió estar a la altura de sus antecedentes en el metropolitano, pero el Nacional le dio revancha y allí fue el autor que le dio el título al club de Núñez ante Ferro.

Cualquier similitud con el festejo del mundial 1978 no es pura coincidencia. Mario corre a celebrar su gol en la calurosa tarde de caballito en diciembre de 1981. River superó a Ferro 1-0 y se consagró campeón nacional.

En 1982 ingresó a la galería de los pocos futbolistas que se dieron el gusto de disputar tres Copas del mundo, un lugar reservado sólo para los elegidos. Y no hay dudas que Mario Alberto Kempes ha sido uno de ellos. Un grande, al igual que las dimensiones de ese estadio, orgullo de su provincia, que con enorme justicia, lleva su nombre.


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